Mi Tatita

En silencio vivió y en silencio se fue. Imperceptible en su casita, leía en su sillón hamaca hasta que el hambre lo sacaba de su ensimismamiento y se sentaba a la mesa totalmente entregado a los manjares de su mujer. Lo único que pedía en sus últimos años era que cada cuatro o cinco horas lo fueran a buscar para no saltearse ninguna comida, porque si dependía de su propio reloj, la vida se le pasaba entre capítulos de libros y encíclicas.

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Apenas pisábamos La Escondida, se repetía un ritual: entrábamos por la cocina y corríamos a darle un beso porque ya sabíamos dónde encontrarlo: en su “casita” como él la llamaba, formada en su escritorio, que tenía bibliotecas hasta el techo como paredes. Interrumpíamos su lectura, siempre interrumpíamos su lectura, ansiosos de que nos cuente alguna historia del ´55, o de los banquetes en las embajadas o de los encuentros con políticos y escritores. Como bien dijo Guada, tenía el don hacer sentir a cada nieto, como el mejor nieto. Era un diplomático nato.

Creo que no había ningún tema que no le interesara. Como gran intelectual, nunca perdió esa capacidad de asombro que se necesita para disfrutar en serio de la vida. Hijo de un Teniente General, siempre contaba que prefirió ser un patriota de otro modo y por eso se dedicó a la diplomacia. Se dedicó a defender a su país en cualquier rincón del planeta: Pekín, Madrid, Río de Janeiro, Rabat, Washington. Arturo Enrique Ossorio Arana Albistur fue un hombre de ética y compromiso, un embajador sin miedo.

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Y mi Tatita, como le decíamos sus cuarenta nietos, sigue haciéndonos reír con sus chistes tan ocurrentes. Recordar sus comentarios entre risas, los cuentos de las metidas de pata de Mamama en alguna comida diplomática, es seguir teniéndolo presente, como si siguiera en su sillón, señalando con su bastón alguna reliquia de su mejor cofre: la biblioteca. Fue un abuelo adorado, un abuelo cariñoso y muy divertido. Era quien descontracturaba a Mamama y la miraba con devoción, hasta el último momento. Un legado invaluable que se llevará nuestra vida en el agradecimiento.

Como somos finitos y es imposible la plenitud, por lo menos todavía, sí voy a decir que me hubiese gustado darle un último abrazo, que me hubiese gustado tener más charlas interminables, que me hubiese gustado que esté en mi casamiento porque esa era su gran ilusión. Pero no sirven los lamentos, sí valen, y mucho, las oraciones, misas y la entrega total de nuestra vida a él que ya está allá, que ya llegó. Te quiero mi Tatita, ya nos volveremos a encontrar.

Autor: thepelush

La belleza de las cosas simples es mi guía. Apuntes con la vida como testigo.

8 comentarios en “Mi Tatita”

  1. Fue un lujo haberlo conocido, y nada menos que haber compartido su última Convivencia en La Chacra, antes de partir -sin duda- en vuelo sin escalas a la “Patria Celestial”. Aparte de contar con una privilegiada lucidez a sus años, poseía una cultura y un conocimiento de la realidad internacional envidiable, tenía un trato agradable y abierto sin importar el nivel intelectual del interlocutor. Siendo una personalidad pública, no tomaba la palabra ni emitía opiniones sin que se las pidieran. Realmente un ejemplo como persona, profesional, padre, abuelo, bisabuelo y sobretodo Cristiano. Todo un legado a sus descendientes, amigos y comunidad.

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