El frenesí de la adultez

Cuando sea grande quiero ser…

Te vas enterando de que los años ya no tienen piedad cuando te acostas un poco más tarde de lo normal un lunes y ya casi tu semana está perdida. Un cumple por acá, otro por allá, distancias, búsqueda desenfrenada de estacionamiento y torta por dos. Hace unos años morías por tener mucho programita fácil, por llenar compulsivamente la agenda social más allá del fin de semana. Hoy, llegar temprano a casa, sin estar reventado y poder disfrutar de un libro, un whisky o una comidita casera, es la gloria.

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Pero la vida es consecuente. A más responsabilidad, se le asigna una batería menos durable. Funciona como una alerta. “Dejá pibe, si no sabés decirle que no al fulbito de las 10 pe eme, te regulo la batería para que tu cuerpo sepa rechazar”. Es una medida de supervivencia de un organismo inteligente.

Te ponés filosófico y empezás a tomarte en serio las grandes preguntas de la vida adulta. ¿Quién quiero ser? Es una inquietud que la rutina no te deja responder. Das vueltas en la cama. Los mundiales empiezan a ser señaladores de vejez y en tu lista de Spotify hay más playlists de jazz que de cachengue.

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Llegás a la conclusión de que pasás más horas de tu vida en reuniones de trabajo y en excels, que en pre-boliches y asados, y descubrís que hay toda una vida los sábados a la mañana.

Pero ni por asomo todo es melancolía y nostalgia. Se abre paso una nueva vida, llena de sorpresas de un peso invaluable. Sos testigo de casamiento de tu mejor amiga y te sacás un diez en una materia de posgrado. De repente recibís un mail de un banco que confía en prestarte una suma por de más generosa para pasar a ser, escritura de por medio, propietario de un inmueble.

También tu pasaporte tiene un par de sellitos más que hace unos años y lográs hacer planes con al menos una semana de anticipación. Entendés de verdad qué quiere decir la palabra impuestos y aprendés a manipular un cajero automático. Te volvés un maniático del orden y la limpieza, y nadie, pero nadie. se preocupa si hace dos años y medio no vas al dentista.

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Sí, la adultez tiene sus grandes obstáculos, pero es realmente liberadora. Ser el timón de la propia vida tiene mucha más adrenalina que emborracharse un jueves. Aguante.

Autor: thepelush

La belleza de las cosas simples es mi guía. Apuntes con la vida como testigo.

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