PAREDES

Un héroe anónimo.

El guardia de la esquina se llama Paredes, no sé su nombre de pila, en casa le decimos Walls pero tiene cara de llamarse Froilán. Seguro se me ocurre este nombre porque una vez entrevisté al capitán de Los Murciélagos, el seleccionado de fútbol para ciegos y se llamaba Froilán, le decían Coqui y era del norte también como Paredes. El Froilán verdadero se quedó completamente ciego a los 18 años, y cuando llegó a Buenos Aires en busca de un certificado de discapacidad, su hermana le insistió para que vaya a probarse al Cenard, un centro que apoya y banca económicamente a muchos deportistas del interior.

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Me acuerdo que me contaba que cuando era chico jugaba en la canchita de enfrente de su casa después del colegio. Era bastante habilidoso y antes de perder la vista se gloriaba de los enganches que hacía y los caños que tiraba.

El Froilán falso no tiene mucha pinta atlética, es chaqueño, robusto, panzón y muy manso. Sus días se pasan yendo y viniendo por las cuatro cuadras que tiene asignadas para vigilar, una con adoquines y tres con asfalto liso. Todas son doble mano pero por una de ellas solo pasa un auto, y si viene otro de frente, se tiene que invadir un poco el garaje de un vecino para hacer lugar.

Su casita está en una esquina, pero sólo lo veo adentro los días que llueve o hace demasiado frío, sino está siempre pateando por el empedrado con sus borcegos negros, las manos metidas en los bolsillos delanteros del polar también negro y con los auriculares puestos. En invierno usa una bufanda a cuadros que sobresale por la campera con la inscripción “WSSA SEGURIDAD”, el logo de la empresa.

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Vive lejos, en Gral. Rodríguez, y se toma varios colectivos para llegar a las 7 a la intersección de Bermejo y Anchorena. Se sube en un puente perdido cuando, en invierno, todavía no salió el sol y los autos están con una capa de unos centímetros de escarcha en su limpiaparabrisas. Durante el trayecto casi nunca va sentado, va meditando sobre el poco tiempo que tiene para pasar con su hija de un año y nueve meses. Horas, sólo poquísimas horas del día destinadas a su familia.

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Se baja del 203 y camina siete cuadras con una mochila. Llega diez minutos antes de las 7 para tomar la guardia y que el vigilador anterior pueda irse en horario a descansar. De las 7 a las 9 el movimiento es más intenso, y después de esa hora la cuadra se normaliza. Los pooles ya se fueron y los primeros paseadores de perros y cochecitos salen a dar una vuelta. Saludar también es una de sus tareas asignadas.

Una sola vez, hace un año, tuve una conversación con él y fue para que mediara ante un problema con el señor de en frente. El tipo tiene tres o cuatro perros enormes que durante ocho horas seguidas ladran sin parar porque los mete en un cubículo donde les tira un pedazo de carne y deja que se maten, sin importarle que ninguno de sus vecinos duerma en toda la noche. Para mi el Froilán trucho es un héroe porque hizo carne mi reclamo. Los perros duermen y yo también.

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Autor: thepelush

La belleza de las cosas simples es mi guía. Apuntes con la vida como testigo.

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